Ponencia dada ante el Comité en Reforme Curricular de la UPR. Septiembre 1999

PROFESIONALIZAR EL BACHILLERATO: Unirlo al mundo profesional.

¿Dónde están los mejores estudiantes de PR, los más trabajadores, más motivados, más competentes? En las escuelas de medicina, de derecho de ingeniería. Y dentro de AE están en Contabilidad (esto indica que no es solo por la selección que son mejores). ¿Qué tienen en común estos programas? Que están muy unidos al mundo profesional y que enseñan destrezas técnicas.
“Unidas al mundo profesional” signfica que su curriculo está orientado muy específicamente a una práctica profesional y que quienes manejan esas escuelas son los profesionales del área.
De esta observación podemos sacar consecuencias interesantes para el diseño del BAE
1) Debe lograrse que los profesores sean más practicantes, y no tanto académicos:

a. Debe darse énfasis a que los profesores tengan y mantengan prácticas profesionales (no estoy defendiendo posiciones particulares).
b. Se deberían hacer algunos ajustes a los programas, sobre todo en el sistema de evaluación, para valorar los logros profesionales y no solo los académicos.
La acreditación de la AACSB impulsa los programas a la academización mucho más que a la profesionalización.
2) Ayuda mucho el centrar los currículos en la preparación de reválidas profesionales. Por ejemplo en Finanzas el CFA, CFP. Esto enfoca y motiva mucho a los estudiantes y los profesores.
3) Los programas deben ser todavía más especializados: bach en contabilida de costos, en publicidad, en control de calidad. Y deben de aparecer estas denominaciones en los diplomas.
Lo que estoy proponiendo aquí en un currículo en “T” y no en “pirámide”, no es sacar solo especialistas en vez de humanistas. No es esta la polémica.
4) Enfatizar que el compromiso del profesor debe ser antes con el estudiante que con la ciencia.

 

REPLANTEARSE EL PAPEL DE LOS ESTUDIOS GENERALES

Los más importante que se aprende en un bachilerato es aprender a aprender, aprender a pensar y aprender a trabajar.
Lo que sirve, lo que perdura del bachillerato, son los procesos, no los contenidos. Lo importante no es “lo que se aprende” en las clases (el contenido), sino “la acción de aprender” (el proceso). Porque lo que desarrolla nuestra capacidad de aprendizaje es la acción de aprender, con bastante independencia de lo que se esté aprendiendo.
Para reforzar la idea de que los contenidos (las cosas que se aprenden) no son lo importante, se pueden dar varios argumentos: 1) los conocimientos que se adquieren, sobre todo en el BAE, son demasiado elementales como para usarlos en la práctica, 2) muchas veces cuando el estudiante llega a la práctica esos conocimientos ya están obsoletos, 3) los conocimientos que propiamente se necesitan para realizar un trabajo muchas veces los ofrece el mismo patrono a los empleados; lo que los empleados necesitan es la capacidad de aprender, 4) la gran mayoría de las veces los estudiantes se dedicarán a cosas distintas de las que estudiaron, pero pocos se atreverían a decir que la preparación que recibieron no les ha sido útil.
Una consecuencia interesante de esto es que se desbarata el argumento tan usado por los estudiantes de despreciar las clases que no son de su concentración porque no son útiles. Repetimos ahora que la utilidad de una clase no radica en lo que se aprenda en ella, sino en el hecho de que se aprenda, en la gimnasia mental que supone. Para un estudiante de mercadeo puede ser tan útil una clase de literatura clásica como una de publicidad, porque lo que a la larga va a quedar es el hábito de pensar que se pudo desarrollar con ambos cursos.
Estos argumentos dados hasta aquí podrían dar la impresión de que queremos quitarle importancia a los cursos de concentración y a los cursos más prácticos, para dársela a los cursos más generales y más teóricos. Pero lo que pretendemos es exactamente lo contrario: vamos a concluir que se debería en el BAE actual reducir el número de cursos de estudios generales y aumentar los de concentración. ¿Cómo podemos llegar a semejante conclusión después de lo dicho hasta ahora?
Para llegar a la conclusión de que debe quitársele peso a los estudios generales, los argumentos que usaremos girarán en torno a esta idea: para enseñar a los estudiantes a pensar, a analizar, a sintetizar, a criticar ?para enseñar procesos? la mejor forma de hacerlo es enseñar contenidos, es decir, dándoles clases prácticas (de concentración) que les obligue a procesar con intensidad la información que se ofrece en el curso.
En el diseño del actual bachillerato,donde los estudios generales tienen un peso enorme, el fallo estuvo en que para enseñar a la gente a pensar, a aprender y a trabajar, se diseñaron cursos de pensamiento como son los de filosofía, humanidades, sociología, etc, donde se estudian los primeros principios que rigen el pensamiento humano.
Se ignora así que el grado de madurez mental de los estudiantes universitarios hace que no puedan captar directamente los principios abstratos que dominan la realidad. Lo que pueden captar son las cosas concretas, y de ahí extraer las leyes generales.
La mejor forma de que los estudiantes aprendan cómo se aprende es haciendo que aprendan muchas cosas, y no tratando de enseñarles cómo es el proceso de aprender. La mejor destreza que pueden aprender para el trabajo es la de trabajar duro, y esto se les enseña haciéndoles trabajar duro.
Esto nos lleva es a concluir que el papel de los Estudios Generales o socio-humanísticas es menos importante de lo que hasta ahora se ha pensado

También podemos concluir que es mejor que los cursos de Estudios Generales deban ponerse al final del BAE y no al principio.( VER RAZONES APARTE)