La Doctrina Social de la Iglesia

Para perfilar con toda claridad la misión sobrenatural de la Iglesia, viene bien tener en cuenta cuál es la doctrina y los criterios de la propia Iglesia acerca de los problemas de orden temporal, doctrina y criterios que se expresan en la llamada doctrina social de la Iglesia.

Noción

Es aquella parte de la enseñanza moral cristiana, orientada esencialmente a la acción, que nace del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias (comprendidas en el mandamiento supremo de amor a Dios ya al prójimo y en las exigencias de l
a justicia) con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.

Fundamento de la intervención de la Iglesia en Material Social

Desde la aparición de la enc. Rerum novarum (1891), la Iglesia ha manifestado su derecho y su deber de intervenir en materia social, estableciendo para ello una enseñanza a la cual considera como parte integrante de la concepción cristiana de la vida.

En su aspecto meramente cronológico, esta actitud de la Iglesia surge, de una manera muy concreta, con ocasión de las graves dificultades provocadas por la «cuestión social» en el siglo 19; pero en lo que atañe al contenido de su d.. s., la actitud de la Iglesia es radicalmente dependiente de las enseñanzas evangélicas, constituyendo un efectivo desarrollo y una aplicación homogénea de las mismas, en orden a los problemas planteados por las nuevas necesidades de los tiempos.

La preocupación social no sólo no es patrimonio exclusivo de la Iglesia, sino que ni siquiera dentro del cristianismo pertenece únicamente a los católicos. En el pensamiento protestante hay muestras indiscutibles de esta preocupación. Cierto que, inicialmente, al supeditar el luteranismo la Iglesia al Estado, y el calvinismo el Estado a la Iglesia, la misión social propia de ésta quedó completamente oscurecida y, por lo mismo, sin verdaderas posibilidades de elaborar una doctrina social correspondiente a su cometido específico.

«Fundada, dice Paulo VI, para establecer desde aquí abajo el Reino de los cielos y no para conquistar un poder terrenal, la Iglesia afirma claramente que los dos campos son distintos, de la misma manera que son soberanos los dos poderes, el eclesiástico y el civil, cada uno en su terreno. Pero, viviendo en la historia, la Iglesia debe escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio. Tomando parte en las mejores aspiraciones de los hombres y sufriendo al no verlas satisfechas, desea ayudarles a conseguir su pleno desarrollo, y esto precisamente porque ella les propone lo que posee como propio: una visión global del hombre y de la humanidad»

Claro está que al subrayar así la competencia de la Iglesia, lo que no hace Pío XII es proponer que se aplace su misión específica hasta que se hayan conseguido unas condiciones sociales óptimas; por el contrario, en otro texto aclara Pío XII, expresamente, que «no se puede sacar la conclusión de que la Iglesia deba comenzar por prescindir de su misión religiosa y procurar, ante todo, el saneamiento de la miseria social». Sería, por tanto, una deformación o un falseamiento el distinguir etapas en la intervención de la Iglesia en este punto, si por ello se entiende la admisión de prioridades cronológicas entre la competencia formalmente sobrenatural y la social. N

La Iglesia misma reconoce las graves dificultades que unas condiciones sociales deficientes oponen a la vida del espíritu, también hay que tener en cuenta, al propio tiempo, todo lo que la Iglesia ha dicho sobre la imposibilidad de un verdadero perfeccionamiento social, si la conciencia y la conducta de los hombres no están regidas por los supremos valores del espíritu.

Límites de la competencia de la Iglesia en materia social

La cuestión es ¿hasta dónde se extiende la competencia del Magisterio eclesiástico en materia social? Esta cuestión procede, sencillamente, de que el problema social no sólo puede enfocarse desde el punto de vista de los valores morales, sino también desde una perspectiva «técnica» y desde el peculiar ángulo de visión de la prudencia política. Esta última no es en sí misma una doctrina o cuerpo de enseñanzas universales, sino una virtud que exige la atención a las concretas y cambiantes circunstancias de la vida civil, aunque siempre aplicando las normas inmutables de la verdad moral (lo contrario sería «maquiavelismo»).

  1. Pues bien, comenzando por la técnica, la actitud de la Iglesia consiste en no inmiscuirse en los asuntos que sean, de veras, puramente técnicos; de suerte que, al mismo tiempo, sigue recabando sus derechos en todo lo que concierne a las dimensiones morales de la vida social. Se trata, pues, de un respeto a la verdadera autonomía de la técnica, junto con una clara repulsa del «imperialismo» de ella.

  1. De una manera análoga, la actitud de la Iglesia consiste en no inmiscuirse tampoco en los asuntos que corresponden propiamente a la prudencia política. «La Iglesia – afirma Pío XI – no se atribuye el derecho de intervenir sin razón en la conducción de los asuntos temporales y puramente políticos; pero su intervención es legítima cuando trata de evitar que la sociedad civil tome pretexto de la política para restringir de cualquier modo los bienes superiores de los que depende la salud eterna de los hombres, o para lesionar los intereses espirituales, valiéndose de leyes y decretos inicuos, o atentando gravemente a la constitución divina de la Iglesia, o, finalmente para atropellar los derechos que en la sociedad posee el mismo Dios» (Ubi Arcano, 23 dic. 1922, AAS 14,690).

Los principios ordenadores de la doctrina social de la Iglesia son:

a) Principio de solidaridad: La solidaridad es un valor moral y social que consiste en “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”.

b) Principio de subsidiaridad: La subsidiaridad es aquel valor social, o principio ordenador de la sociedad, por el que se da primacía a la libre iniciativa y a la responsabilidad de las personas y de los grupos sociales intermedios (familias, asociaciones, empresas privadas), a los niveles en los que estos pueden actuar, sin que el estado ni sociedad alguna entorpezcan ni destruyan el espacio necesario para el ejercicio de la libertades sociales de los ciudadanos.

Este principio puede concretarse e las afirmaciones siguientes:

  • lo que pueda hacer la persona individual, que no lo haga la familia;
  • lo que pueda hacer la familia, que no lo hagan las otras sociedades intermedias (asociaciones, empresas privadas) o el municipio;
  • lo que pueda hacer el municipio, que no lo hagan las autonomías (o provincias);
  • lo que puedan hacer las autonomías, que no lo usurpe el Estado.

Turcos – GER – Summary

Turcos by GER

XLV. Turcos. 72

A.……… Primera expansión: desde las estepas de Asia Central se dividen: los hunos van a Europa (s 5) , los turcos orientales atacan China y los occidentales el Imperio Persa (s 6 a 7) 72

B.………. Segunda expansión: ávaros a imperio romano; Cázaros a Rusia; pechenegos al danubio (s 7 a 9) 72

C.……… Los Turcos seleyucíes se asimilan en el califato abisida de BAGDAD en el 1055 dominando la tierra del Islam.. 73

D.……… La aparición de los Otomanos en el 1300, conquistan Contantinopla en 1453 y se instalan en turquía desde donde dominan Oriente hasta la primera Guerra mundial 73

E.………. La diferencia entre Turcos y Mongoles
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Conjunto de pueblos de raza altaica, cuya cuna hay que situarla en el norte de Asia, más allá de los mares Caspio y Aral y de China.

Primera expansión: desde las estepas de Asia Central se dividen: los hunos van a Europa (s 5) , los turcos orientales atacan China y los occidentales el Imperio Persa (s 6 a 7)

De estos pueblos, los de las estepas eran pastores; los que tenían su hábitat en los bosques eran cazadores y en gran parte salvajes. No habían evolucionado desde la más remota Antigüedad. En el siglo 5, un conjunto de tribus turcas, los hunos, formaron la gran ola de invasión de la cual surgió el imperio de Atila. Hacia el 550, los turcos. fueron aliados de los reyes manchúes de Oé, uno de los reinos bárbaros dentro del territorio chino. Esta alianza permitió a los turcos. dominar un inmenso territorio, desde las fronteras de Manchuria hasta cerca del mar Caspio. Poco después (560), los persas Sasánidas  buscaron la colaboración con estos pueblos del norte. Sin embargo, esta amistad duró poco, y en el 597 los turcos se apoderaron de Bactriana.

Su rápida expansión quedó neutralizada en el siglo 7 por su división en orientales y occidentales. Mientras los turcos orientales lucharon contra el Imperio chino partiendo de sus bases en Mongolia, los occidentales, centrados en el Turquestán, continuaron su hostilidad contra los Persas Saasánidas y, desaparecidos éstos, vivieron en crónica guerra con los musulmanes, dueños entonces del antiguo Imperio persa. Durante este periodo, las tribus turcas. hasta entonces chamanistas y nómadas recibieron una corriente civilizadora a través de las rutas de caravanas de China central con influencias budistas, cristiano-nestorianas, maniqueas e islámicas.

Segunda expansión: ávaros a imperio romano; Cázaros a Rusia; pechenegos al danubio (s 7 a 9)

Los ávaros sustituyen a los hunos en Europa, hasta que son destruidos por Calomagno y los eslavos (siglo 9).

Los cázaros en 650 le quitan a Bizancio el norte del mar Negro, el sur de Rusia.

Los pechenegos, en siglo 9, atravesaron el río Don, y forzaron a los magiares a instalarse en Hungría.

Los Turcos seleyucíes se asimilan en el califato abisida de BAGDAD en el 1055 dominando la tierra del Islam

Cuando la dinastía Song en China, en siglo 10 se expansiona, una tribu de turcos, llamados seleyucíes, se desplazan a Irán accidental y se convierten al Islam. En el 1055 el califa de Bagdad los llama porque su reino está en problemas. El califa nombró a su jefe, Togul-beg, vicario temporal, con el título de «rey de Occidente y Oriente», dándole por misión la guardia de la ortodoxia islámica. Esto fue funesto para la civilización musulmana, pues caído en manos de un pueblo bárbaro, apenas salido del nomadismo, el Islam perdió en menos de 50 años una cultura extraordinaria basada en la antigüedad greco-oriental, ya que los turcos convirtieron en sistema su intolerancia religiosa.

Los turcos emprendieron una política anticristiana en los Santos Lugares, produciéndose algunos alborotos en Jerusalén contra los peregrinos. Tales hechos fueron la chispa que originó las Cruzadas A fines del s. XI su Imperio se extendía desde el Mediterráneo hasta el mar de Aral y el Punjab.

Los turcos se adueñaron del poder temporal del Imperio de Bagdad y, así como los germanos cristianizados reconocieron el poder papal, los turcos islamizados admitieron la autoridad religiosa del califa. En Asia, como en el occidente de Europa, los antiguos Imperios políticos, transformados ahora en Estados feudales, constituyeron federaciones agrupadas en torno a metrópolis religiosas. Los germanos, en el Imperio, se habían romanizado; de la misma manera, los turcos, en las antiguas provincias persas, se iranizaron; pero igual que los germanos terminaron por barbarizar a Roma, los selyucíes hundieron al Irán en la barbarie. Otro tanto sucedió en Siria

La aparición de los Otomanos en el 1300, conquistan Contantinopla en 1453 y se instalan en turquía desde donde dominan Oriente hasta la primera Guerra mundial

El inmenso Imperio selyucí. perdió pronto su unidad, y a la muerte de Maliksha (1092) el Estado se fragmentó en medio de crueles luchas de familia hasta que surgió un clan, que había sido expulsado de Jurasan por los mongoles. el rey Osmán (1288-1326), considerado por los t. como el fundador de su nación y del cual tomaron el nombre de osmanlíes (otomanos para los europeos), se hizo independiente en su provincia y extendió considerablemente sus territorios a costa de los griegos. Le sucedió su hijo Orján (1326-60) que ocupó los Balcanes. Muerto Orján, le sucedió su hijo Murat I (1359-89), el típico conquistador iletrado, que concluyó definitivamente la conquista de Asia Menor

Al sucesor de Murat, Bayaceto I (1389-1402), a diferencia del jefe de hordas que fue su padre, hay que considerarle como un Emperador que al odio al cristianismo unía el gran designio de reconstruir, en provecho suyo, el antiguo Imperio romano e incorporarlo al Islam. El avance por Europa continuó; Servia, Bosnia, Albania y Rumania tuvieron que rendirle vasallaje. Ante el peligro que esta progresión significaba para la Europa cristiana, un ejército de cruzados dirigidos por Segismundo de Hungría y del que formaban parte numerosos príncipes de Francia y Alemania intentó frenar a Bayaceto; pero éste les venció en Nicópolis (1396). Toda Grecia (V. GRECIA V) cayó después en su poder, y el sultán se dispuso a sitiar a Constantinopla. Una vez más, la ciudad fue salvada por circunstancias exteriores. Efectivamente, mientras tenían lugar estos hechos, las tropas del caudillo mongol Tamerlán alcanzaban los límites del Imperio otomano, invadiéndolo. Al recibir tan alarmantes noticias, Bayaceto abandonó el sitio de Constantinopla para contener al invasor. El ejército t. fue destrozado en Angora (1402). Brusa fue tomada y arrasada, y toda el Asia Menor tuvo que soportar los saqueos de los guerreros mongoles.

Cuando los mongoles se marcharon, por la muerte de su líder, fue el otomano Mahomet II (1451-81), quien terminó con la resistencia de Constantinopla. Después del sitio y de un pesado bombardeo de artillería, el 6 abr. 1453 la ciudad fue tomada al asalto. A partir de ese momento, la historia del pueblo t. se confunde con la de Turquía y su Imperio.

La diferencia entre Turcos y Mongoles

Turcos y mongoles. No todos los pueblos t. de Asia participaron en el Imperio selyuicí o en el otomano. Hubo varias tribus que se integraron en el Imperio mongol. Así, el ejército de Gengis-Khan (v.) estuvo en gran parte compuesto de elementos t. sometidos, y cuando el Estado mongol se descompuso, las características t. predominaron sobre las mongolas. Concretamente Tamerlán, el caudillo mongol que dos siglos después de Gengis-Khan renovó las hazañas de éste, era en realidad un turco que hablaba turco. Igualmente, un descendiente suyo, Baber, fundador a finales del s. XVI del Imperio conocido con el nombre de «Gran Mongol», que abarcaba casi toda la India, era también un turco que ignoraba el mongol y que sólo hablaba turco-persa. Por último, los khanatos tártaros de Rusia, en contra de lo que se afirma, tampoco estaban compuestos por elementos mongoles, sino por turcos

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