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Imaginamos la oración, ingenuamnete, como un argumento para covencer a Dios de que haga algo. Pero la oración no es un mensaje desde la Tierra al Cielo, sino que es una apertura en nuestra alma para que el Dios pueda lograr su obra (la felicidad) en la Tierra a través nuestro.

Tenemos que pedir cosas, mucho, pero no para que se nos den, sino para que nos convenzamos de que eso es lo que Dios quiere, y nos decidamos a colaborar.

text2image_P34483_20150831_132627[1]La Modernidad, como una nueva forma de ver el mundo, implicó una nueva ética, un nuevo fundamento para decidir qué está bien o mal.

La ética moderna, por ser mecanicista, está basada en las consecuencias: los efectos de los comportamientos.

Pero éste no es un buen fundamentó: las conductas son buenas si se ajustan al orden natural. Olvídate de las consecuencias

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¿Es moral presentar una realidad más bonita de lo que en realidad es?
Un defecto de la Modernidad es el “reduccionismo”: pensar que la verdad de las cosas está lo que esas cosas son por dentro, en su “interioridad”. Y, tapar o pintar, esta interioridad es juzgado como ‘falta de autenticidad’.

Pero resulta que, la verdad de la cosas viene dada, no solo por sus componentes, sobre todo, por el “lugar” que ocupa la cosa en el Sistema, es decir, por el ‘papel’ que les ha tocado vivir. Para la mayoría de la mujeres, su verdad, su autenticidad, es maquillarse.

 

text2image_M78544_20150829_201027[1]Mi patria es el conjunto de personas y de ambientes al que, a lo largo de la Historia, tengo que estar agradecido por lo que soy.

Mi “país” es la división administrativa a la que estoy adscrito, para propósitos burocráticos.

text2image_P34483_20150824_142837[1]

Una de las afirmaciones más escandalosas del Cristianismo es decir que el mal no tiene entidad.

Existen dos tipos de males:
1) el mal físico: la muerte, la enfermedad, el dolor, y
2) el mal moral: una elección libre desordenada (pecado).

Pero, para el Cristianismo, no existe tal cosa como el mal físico, sino que todo este mal es manifestación de un bien superior: la evolución, la construcción del mundo, donde unas criaturas tienen que dejar paso a otras

Y el mal moral, el pecado, es una manifestación de que existe la parte más hermosa de la creación: el espíritu libre, de hombres y ángeles. El pecado existe para exista la libertad, el auto-dirigirse de algunas criaturas hacia el bien.

text2image_P34483_20150824_151004[1]La educación no es prepararse para vivir, sino aprender a vivir bien. Y esto lo debe hacer todo el mundo, a todas las edades.

Dejemos para los jóvenes, la instrucción, el aprender a trabajar.

Para el resto: a formarnos continuamente, sobre todo, a través del trato con gente buena, para aprender a bien vivir.

text2image_D67982_20150814_183058[1]La historia del pensamiento puede resumirse como la respuesta a la pregunta:  ¿la verdad está en el todo o en las partes?   Y esta historia es un ciclo entre las respuestas atomistas (la verdad está en las partes) y las platónicas (la verdad está en el todo).

En el campo del atomismo están los sofistas, Aristóteles, los nominalistas y la ciencia moderna.

En el campo de los platónicos, está Hegel, el Hinduismo y el Taoismo.

El Cristianismo, está cerca del holismo, pero manteniendo un átomo: la persona.

text2image_D67982_20150814_182622[1]Saber vivir es saber amar bien. Se ama bien algo, cuando se ama en la intensidad adecuada a cada cosa. La intensidad debe ser proporcional a la calidad de lo amado, e inversamente proporcional a su distancia moral a nosotros.

(Distancia moral: mi pariente, mi amgo, están cercanos a mi, aunque vivan en las antípodas.)

text2image_D67982_20150814_135607[1]La mayoría de las religiones se visualizan a sí mismas cómo un PUENTE entre lo humano y lo divino.

El cristianismo proclama una MEZCLA de ambos.

text2image_D67982_20150814_134704[1]Dos hijos (la parejita) parece ser el modelo moderno de familia. Este número, sin embargo no es muy natural, porque, entre otros desórdenes, la vejez de los padres se torna insoportable cuando se divide entre dos hijos.
Dejemos que la Naturaleza, que es la maestra del equilibrio, nos aconseje sobre cuántos hijos, y no le rindamos tanta pleitesía a la diosa Razón y Planificación.