Las personas son una de las partes de realidad con más dignidad, es decir, que más merecen ser amadas. Pero la opinión de las personas, por lo limitado del conocimiento humano, tiene típicamente escaso valor.

Sin embargo, nuestros instintos animales sociales, nos llevan a darle a las opiniones una importancia desproporcionada. Pongamos a los instintos en su sitio.

El hombre se relaciona con la realidad de tres maneras:

  1. Usándola, para vivir, como cualquier ser vivo;
  2. Queriéndola, con la voluntad, para hacerla mejor;
  3. Conociéndola, con la Inteligencia, para entenderla, para extraer el mensaje que tiene.

CONOCIENDO:

El conocimiento se puede dividir en:

  • Teórico:  su finalidad es entender la realidad.
  • Práctico: su finalidad  es encontrar el bien. El fin está en la misma acción (praxis): hacer lo correcto.
  • Productivo: su finalidad es manipular la realidad. El fin de la acción está fuera de la acción (poiesis): en conseguir algo, un producto.

El conocimiento productivo (arte) se divide en:

  1. Bellas Artes: Producir cosas bella
  2. Técnica: Producir cosas útiles, crear riqueza

La producción de cosas útiles, a su vez, se divide en:

  1. Ingeniería: manejo de sistemas mecánicos o muertos. Aquí existen reglas definidas para conseguir resultados, porque brega con sistemas mecánicos, lineales.
  2. Gerencia: manejo de sistemas complejos, en el sentido de ‘no lineales’, incluyendo el comportamiento humano. No existen reglas definidas para, por ejemplo, convencer a personas, motivar a empleados, etc, porque brega con sistemas vivos, colectivos  o individuales

AMANDO:

Amar la realidad es moverse hacia el bien que hay en ella. En esto consiste la vida moral.

Existen tres niveles de amor:

Amor de utilidad: amar a algo por por el bien que me produce: por su utilidad o su belleza.

Amor de igualdad o amistad: amar a alguien por que se parece a mí

Amor de caridad: amar a alguien porque quiero hacerle feliz

El destino del hombre es crecer lo más posible. Esto se hace: conociendo la verdad y amando el bien.

Uno de los mitos fundamentales de la Modernidad es el mito del progreso: como el conocimiento se acumula, cada época será mejor que la anterior.

Según esta lógica, siempre lo último será más bueno o más completo que todo lo anterior.

Por lo tanto, en la Modernidad, saber qué es lo último (en la investigación, en la publicación) es más importante que saber qué es lo verdadero.

El núcleo de la vida no es una materia especial (unas proteinas) sino el ADN. El ADN no es propiamente materia, sino el orden en que una materia se junta: es información.

La materia del ADN  (bases nitrogenadas) está cambiando continuamente. Lo que no puede cambiarse es el orden en que está. Si esto ocurre, se produce una mutación: cambia el ser