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No a la igualdad

Con la visión atomista (explicar las cosas por sus partes) de la Modernidad, vino en consecuencia, la creencia de que los seres humanos deberíamos de ser iguales. Esta visión ayuda en algunas cosas.  Pero tiene el inconvenientes de impedirnos ver que somos parte de un sistema, de un organismo, y por lo tanto nadie es igual a nadie. Todos somos únicos

Quien no ve las cosas así, ecológicamente,  está condenado a vivir en un ” rat race” para destacar en este desierto de la igualdad, donde otros pueden hacer lo que yo hago.

Cómo educar a los mercados

text2image_P34483_20150901_205631[1]Los mercados son para la sociedad como los instintos (hambre, sed, miedo) para el hombre: siempre hay que escucharlos; no siempre hay que seguirlos.

Los pasos para usar bien de esta ayuda de la naturaleza son, por tanto, iguales al arte de usar bien los instintos:

1. Dejemos que los mercados (que son “swarm intelligence”, y ven cosas que ninguna racionalidad singular puede ver) le ponga precio a las cosas que se pueden transaccionar.

2. Después, usemos la ‘sabiduría’ (razón + corazón + tradición) para decidir si el precio del mercado (lo que nos dicen los instintos) es un precio justo.

3. En tercer lugar, si el precio del mercado no es justo, es que hay información falsa en el sistema (una histeria, una burbuja). Tenemos, entonces, que educarnos mejor.

No a la jubilación

text2image_P34483_20150901_205733[1]No debiera haber un sistema de retiro: no debemos retirar a nadie. Que todo el mundo trabaje hasta que se enferme. Lo que sí debe haber ee un ‘sistema’ (un apoyo de la comunidad)  para cuidar enfermos: esto es lo natural.

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La oración no va al Cielo. Viene.

text2image_P34483_20150901_205345[1]La oración no es un mensaje desde la Tierra al Cielo, sino que es una apertura en nuestra alma para que el Dios pueda lograr su obra (la felicidad) en la Tierra a través nuestro.

Tenemos que pedir cosas, muchas cosas, pero no para que se nos den, sino para que nos convenzamos de que eso es lo que Dios quiere, y nos decidamos a colaborar.

No pienses en las consecuencias

text2image_P34483_20150831_132627[1]La Modernidad, como una nueva forma de ver el mundo, implicó una nueva ética, un nuevo fundamento para decidir qué está bien o mal.

La ética moderna, por ser mecanicista, está basada en las consecuencias: los efectos de los comportamientos.

Pero éste no es un buen fundamentó: las conductas son buenas si se ajustan al orden natural. Olvídate de las consecuencias

¿Es moral maquillarse?

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¿Es moral presentar una realidad más bonita de lo que en realidad es?
Un defecto de la Modernidad es el “reduccionismo”: pensar que la verdad de las cosas está lo que esas cosas son por dentro, en su “interioridad”. Y, tapar o pintar, esta interioridad es juzgado como ‘falta de autenticidad’.

Pero resulta que, la verdad de la cosas viene dada, no solo por sus componentes, sobre todo, por el “lugar” que ocupa la cosa en el Sistema, es decir, por el ‘papel’ que les ha tocado vivir. Para la mayoría de la mujeres, su verdad, su autenticidad, es maquillarse.

 

¿Cuál es mi Patria?

text2image_M78544_20150829_201027[1]Mi patria es el conjunto de personas y de ambientes al que, a lo largo de la Historia, tengo que estar agradecido por lo que soy.

Mi “país” es la división administrativa a la que estoy adscrito, para propósitos burocráticos.

El mal no existe

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Una de las afirmaciones más escandalosas del Cristianismo es decir que el mal no tiene entidad.

Existen dos tipos de males:
1) el mal físico: la muerte, la enfermedad, el dolor, y
2) el mal moral: una elección libre desordenada (pecado).

Pero, para el Cristianismo, no existe tal cosa como el mal físico, sino que todo este mal es manifestación de un bien superior: la evolución, la construcción del mundo, donde unas criaturas tienen que dejar paso a otras

Y el mal moral, el pecado, es una manifestación de que existe la parte más hermosa de la creación: el espíritu libre, de hombres y ángeles. El pecado existe para exista la libertad, el auto-dirigirse de algunas criaturas hacia el bien.

No eduquemos a los jóvenes

text2image_P34483_20150824_151004[1]La educación no es prepararse para vivir, sino aprender a vivir bien. Y esto lo debe hacer todo el mundo, a todas las edades.

Dejemos para los jóvenes, la instrucción, el aprender a trabajar.

Para el resto: a formarnos continuamente, sobre todo, a través del trato con gente buena, para aprender a bien vivir.