El opio es la religión del pueblo

El opio es la religión del pueblo

En el siglo 19 Marx temía que el pueblo no luchará debido a estar adormecido por la religión. En el siglo 21 parece más bien que el adormecimiento del pueblo, real y constatable en Occidente, está viniendo, sobee todo, por haber adoptado como Religión Suprema, el “sentirse bien”, en todo, a cualquier precio, incluso el de narcotizarse

Si Dios se mostrara ¿evitaríamos los problemas?

Si Dios se mostrara ¿evitaríamos los problemas?

¿Por qué Dios no se muestra físicamente en el Cielo y así evitar dudas y disputas? Si Dios fuera evidente, no tendríamos libertad de seguirle o no seguirle. Si viéramos las consecuencias eternas de todas las acciones (el más allá), no obraríamos mal, pero tampoco bien, porque no habría libertad: sería el universo robótico: sin pecado pero sin santidad.

En mi vida solo falto yo

En mi vida solo falto yo

Nos toca enfrentar la vida en unas condiciones que, en su mayor parte, nos vienen dadas por la herencia y el ambiente.

Algunas de esas condiciones nosotros las consideramos limitantes, porque son carencias con respecto a lo que nosotros consideramos normal: enfermedades, incapacidades, inclinaciones innatas torcidas.

Pero la realidad es que somos así porque es lo que conviene al plan de Dios, a la Creación. Como amar a Dios es amar su voluntad, lo único que deberíamos echar en falta en nuestra vida es lo que nos toque poner a nosotros.

¿Guerras de religión? Egoísmos camuflados
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¿Guerras de religión? Egoísmos camuflados

¿Guerras de religión? Egoísmos camuflados
Las guerras son conflictos de poder. Al pelear, los promotores tratan de escoger la bandera que más mueva a su gente. Ésta puede ser un agravio (aunque sucediera hace 8 siglos, como en los Balcanes) o, mejor aún, un símbolo, lo más sagrado posible. Muchas veces tan solo puede ser “la patria” o “nuestras mujeres y niños”. Pero, con probabilidad, se puede encontrar algo todavía más santo, que nadie se va a negar a defender: “la democracia” o “Allah” o “Cristo Rey”.

Se entiende. Los signos sagrados son como el broche que cierra la visión de la vida que cada persona tiene. Atacarlos es como quitarle sentido a su mundo. Es insoportable.

Pero, no nos engañemos, las guerras son, para quienes las promueven, egoísmos colectivos desatados. ¿la bandera? La más grande que encontremos

No a los países, sí a las ciudades

No a los países, sí a las ciudades

Una comunidad, es demasiado grande cuando, al mirar a las personas que lo componen, los ve como ‘iguales’ unos a otros, como si fueran números. Una comunidad no puede perder de vista la unicidad de cada mienbro. Por eso, la sociedad perfecta es la familia y, después, la ciudad. Más arriba de ciudades (lo que hoy llamamos países) no son comunidades sino coalicciones. Su valor es minúsculo.

El mal no existe

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Una de las afirmaciones más escandalosas del Cristianismo es decir que el mal no tiene entidad.

Existen dos tipos de males:
1) el mal físico: la muerte, la enfermedad, el dolor, y
2) el mal moral: una elección libre desordenada (pecado).

Pero, para el Cristianismo, no existe tal cosa como el mal físico, sino que todo este mal es manifestación de un bien superior: la evolución, la construcción del mundo, donde unas criaturas tienen que dejar paso a otras

Y el mal moral, el pecado, es una manifestación de que existe la parte más hermosa de la creación: el espíritu libre, de hombres y ángeles. El pecado existe para exista la libertad, el auto-dirigirse de algunas criaturas hacia el bien.