La humildad es la virtud que nos ayuda a reconocer la necesidad de los demás y del todo. Sin ella moriríamos de autosuficiencia.

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Imaginamos la oración, ingenuamnete, como un argumento para covencer a Dios de que haga algo. Pero la oración no es un mensaje desde la Tierra al Cielo, sino que es una apertura en nuestra alma para que el Dios pueda lograr su obra (la felicidad) en la Tierra a través nuestro.

Tenemos que pedir cosas, mucho, pero no para que se nos den, sino para que nos convenzamos de que eso es lo que Dios quiere, y nos decidamos a colaborar.

text2image_V67224_20150727_210454[1]Dios y el demonio están del mismo lado de la realidad: donde existe un querer con pasión. La tibieza, el conservadurismo, están al otro extremo.