El éxito: un dios que debe ser destronado

El éxito: un dios que debe ser destronado

El éxito no debe la meta de nuestras acciones. Éxito es simplemente la superación de una expectativa. Soy exitoso si consigo hacer más de lo promedio (maximum likelihood) en mi situación. Pero esto no puede ser la meta de la vida, por estas razones:
1. Una gran parte de lo que yo logre, no depende de mí, sino de las circustancias. Y ponerse uno como meta algo que no depende de uno, es un sinsentido.
2. El fracaso, el no conseguir lo esperado, es una fuente de aprendizaje insustituible. Una persona a la que todo le hubiera salido bien, si existiera, sería un inútil.
3. El éxito consiste en cumplir unas expectativas que están muy determinadas por los deseos del grupo social que nos rodea. Pero estas expectativas pueden ser nocivas o caprichosas: la sociedad puede querer que sigamos produciendo algo porque le entretiene, aunque esto conlleve dañar nuestra salud o nuestra relaciones.
4. La inmensa mayoría de los seré vivos fracasa totalmente, en el sentido de que mueren antes de lograr reproducirse. Su ‘exito’ consiste en que ésta muerte era necesaria para que algún hermano viviera. En este sentido, hay un logro que sí hay que conseguir: es que la Creación o la Evolución se complete.

Al final, lo que nos da felicidad es haber seguido, lo más de cerca posible, nuestra vocación; haber seguido, con los zigzag más pequeños posibles, el camino que a cada uno le toca caminar, el haber tocado con la mayor precisión posible, las notas de la partitura que cada uno tiene en la gran sinfonía que es la Creación. Al final, lo que cuenta no es el éxito si no la fidelidad.

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