Al igual que las partes de un organismo, cada edad está especializada en algo: aprender, enamorarse, producir, saber y aconsejar, etc. Y las personas disfrutan su vida, viviendo cada edad según su edad.  

Pero la Modernidad estableció que la finalidad de la vida el producir; que la infancia y  la juventud son preparación para producir. Si la finalidad de la vida es producir, entonces los viejos son unos inútiles, a los que se les respeta en la medida que hayan dejado pagado, con su trabajo, lo que vayan a consumir en su retiro. Si gastan más, son una lacra social.