La autoridad en un mundo no jeráquico

(I) La forma más común de ver las estructuras sociales (familia, estado) es que son estructuras mecánicas, es decir, son el resultado de aplicar una fuerza sobre una materia:

a) Una familia es un estructura creada por un individuo, para prolongarse en el tiempo.

b) Un estado es un colectivo de individuos unidos por la voluntad de un soberano (típicamente puesto por un dios), o por la voluntad de la mayoría que puso a un soberano.

Pero todas son, en la forma más típica de verlas, estructuras mecánicas: se explican como cuerpos y fuerzas centrípetas, es decir, intereses de personas en su propio bien.

 

(II) Apareció entonces el cristianismo en la Historia como una revelación, según la cuál la fuerza que originó el mundo no es el interés de un dios una fuerza centrípeta, hacia adentro hacia el interés del dios, sino una fuerza centrífuga, hacia afuera: lo que Dios quiere es el bien de lo que ha creado. Esto es un giro copernicano en la explicación del mundo.De hecho, para designar este amor tuvieron que “inventar” una palabra especial (recuperar una vieja) porque las que habían (philia y eros) solo presentaban la fuerza hacia a dentro. Por eso empezaron a usar agapé, que luego se tradujo en latín por “charitas”, caridad, el amor cristiano, que es algo radicalmente distinto de lo que se entiende comúnmente por amor. Este nuevo tipo de amor ¿en qué se diferencia del tradicional philia o eros? En que este amor lo que busca es el bien del otro, no de uno mismo.

Si fuera cierto que el mundo está hecho de este tipo de amor ¿qué implicaciones tendría sobre la forma que debieran de tener las estructuras sociales (familia, tribu, corporación, estado). Resultaría que la forma piramidal no sería le mejor forma de entenderla. Si resultara que lo que mueve a las personas es el amor a los demás (puesto encima del amor animal a uno mismo, a la preservación, pero sin anularlo), esto tendría unas implicaciones tremendísimas. Resultaría que el modelo, mejor que piramidal sería orgánico. En un organismo cada “parte” busca el bien del organismo total. Y en esto consigue su realización. Lo que distingue a un organismo de una máquina es que no tiene una fuente de energía, sino multiples. En un carro se puede saber dónde nace la energía y cómo se distribuye. En un organismo la energía y la información viene de todas las partes.

 

(III) Mientras la humanidad estaba tratando de asimilar el mensaje cristiano, apareció en el mundo el descubrimiento de la evolución. Al principio apareció como otra explicación mecánica más: los organismos buscan sobrevivir reproducirse y esta búsqueda del propio interés les lleva a evolucionar.

Pero luego se fue descubriendo que la Evolución no se puede explicar solo por el instinto de supervivencia y de reproducción sino que abarca mucho más: el mundo molecular, donde no aplica lo de sobrevivir, al igual que en la formación de las galaxias, donde tampoco aplican. Además no explicaba el altrusimo en los animales, ni la coevolución, ni la epigenética. Ahora no se habla de la preservación de la especia sino de los genes, que es la preservación de un mensaje entre todos los seres vivos. Los cristianos ya sabemos a dónde esto nos va a llevar: que toda la creación es un jardín que refleja la belleza y la vida del Dios que creó.

Si se acepta esta cosmovisión, se verá entonces a la sociedad como un ecosistema, donde todas las partes necesitan de todas las otras partes. Entonces la estructura de la sociedad (el Estado) sería más bien una forma de demarcar qué áreas va atender cada uno, sabiendo que no hay mejores ni peores por su posición sino tan solo por la fidelidad con la que cuiden su parcela.

Cuando el amor cristiano informe la sociedad, el Estado, en vez de ser como una máquina, será como un jardín. Cada persona, en vez de ser el ejecutor de una directriz venida del vértice, será el jardinero, el encargado de una flor. Nadie estará por encima de él, con respecto a su flor. Él será, para la flor, el más importante e insustituible.

Perderá sentido la importancia que ahora le damos a las posiciones vértices en las pirámides, en las jerarquías. Perderemos nuestra fijación con los ascensos como forma de medir la bondad de un trabajo.

Esta visión no implica ninguna forma concreta de distribuir el poder: es compatible con una monarquía, con una democracia, o una aristocracia con un Estado muy grande o muy chiquito (siempre que se respeten unos límites naturales).

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