Según el “Modelo de Westfalai'(1648) , cada nación es un ente independiente, igual en dignidad a las demás naciones.  Se consagró entonces el principio de “soberanía” o de que ninguna nación interferiría con los asuntos de otras naciones. Es decir, en vez de un imperio, un organismo político, con una cabeza y unos miembros, lo que hay es una gran sopa de países con pretensiones de ser iguales entre todos.

Pero este nuevo arreglo tiene un fallo mortal: cuando surgen disputas entre vecinos ya no hay un emperador al que acudir . Hay que acudir a las alianzas entre países. Y las alianzas, unidas a la tecnología que aumentaba el alcance los los ejércitos, fueron la causa de las guerras fueran mundiales, en lugar de locales. Estas guerras resultaron ser los momentos más violentos de la Historia.

Moraleja: la igualdad no es garantía de paz