Posts

Fundamento Químico de la Familia y el Estado

Lo que distingue a las moléculas orgánicas de las inorgánicas es que aquellas son arreglos de la materia que se auto-organiza para poder captar mejor la energía del sol, y así  excitarse y poder unirse a otros átomos y formas las estructuras de la vida.

Las instituciones (estructuras de la vida humana: familia, tribu, empresa, nación) son parte de la misma dinámica: aprovechar la energía del ambiente para poder unirnos a otros y crear estructuras que sigan aumentando la cantidad y calidad de vida (de orden) que pasamos hacia adelante.

Cuando la meequilibrio tabajota del hombre se pone en “conseguir”, su vida se convierte en un equilibrio de fuerzas opuestas. Si la meta del hombre es “vivir”, es decir, enfrentar en cada momento lo que le pide su vocación, entonces la paz llega. Porque solo hay una fuerza que lo guía, y el trabajo y la familia son formas distintas de vivir una única vida.

No a las familias de padres e hijos

La familia nuclear  (un padre, una madre y algún hijo) es un invento moderno y, por lo tanto, poco natural. Más natural es la familia que tiene, además, abuelos, sobrinos, cuñados y primos, incluyendo a helpers y algún vecino huérfano.

La familia nuclear, por ser tan artificial, causa stress: no es buena para la salud de los padres, ni de los hijos, ni del ecosistema.

Las familias no son para los hijos

El objetivo de una familia no es sacar adelante unos hijos, sino una familia.

En la Modernidad, hemos convertido a las familias en factorías para inyectar valor añadido a los niños (que sepan muchas cosas y experimenten muchas experiencias); cuando para lo que realmente existe la familia es para aprender a vivir en comunidad, a pensar en los demás y en el todo.

Hay que querer llegar a casa, y querer salir de ella

Una casa es un refugio. Es una protección contra las fuerzas de la naturaleza (lluvia frío sol) y contra las fuerzas de los demás (sus miradas, su fuerza física). Es un lugar cerrado a las fuerzas y por eso sentimos paz en él.

Pero al no sentir las fuerzas de la Naturaleza (física o humana) nuestros sentidos se embotan. Hay que estar en la casa periódicamente, pero no continuamente.